
Cada mañana, justo después de que nuestros músculos se fuesen calentando y de que remar nos
resultara tan natural como respirar, la canción empezaba a sonar dentro de mi cabezota. Yo la intentaba tararear una y otra vez, incluso estiraba el cuello para afinar, pero mis compañeros de cayuco, Julen y Rubén, no parecían acordarse de ella. No lo podía creer. La había oído decenas de veces. Dentro sonaba muy clara, pero el chorro de mi voz hacía de las suyas, y los sonidos (por no decir graznidos) que salían de mi garganta eran muy diferentes. En un principio no sabía qué significaba la letra pero ahora que lo sé, todavía me gusta más…
-Julen, ese barco tiene el morro apuntando a Bilbo.
-¿Estará parado?
-Yo creo que sí. Dale que pasamos…
-¿Seguro que pasamos?
-Dale que está parado,
-¿Y la espumilla de “proa”? (vamos a hablar con propiedad…).
-Pooooooooooo
-¡Dale con la izquierda Julen…!
Sólo a nosotros se nos ocurre remar descoordinados en un momento como aquel.
El barco en cuestión pasó, y luego, ante la mirada y las risitas de nuestros compañeros, aparecimos nosotros, los reyes del ritmo.
A partir de entonces todo resultaría más fácil y sobre todo, menos peligroso.
a ritmo de canciones populares
de golpe de remo
y de chistes resabidos
otra palada
intentos de pesca
“pecesdeplástico”
gaviotas que se comen
los peces de plástico
y otra vez a remar
paradas para el café
para la comida
la siesta
el chapuzón
…
remo
remas?
¿remamos?
nuevas vistas:
San Juan de Gaztelugatxe
Cabo de Matxitxako
la isla de Izaro
el ratón de Getaria
Sta Elena
Pasaia
Jaizkibel
el Cabo de Higer
la bahía de St Jean de Luz…
Todas llenas de historias.
Cada vez que nos internábamos en un puerto nos encontrábamos muchísima historia. Los tiempos cambian, los barcos rentables son los grandes, y en los pequeños sólo se ven pescadores con la piel curtida por el salitre. Madrugan para empezar la faena. Es una historia de lucha, una actitud y una forma de vida. Pescar con las manos y vivir de ello. La posibilidad de pescar verdeles, lubinas, anchoas y no euros. Aquella actitud estaba escrita en los muros y nos sentíamos parte de ella.
Cada vez que nos internábamos en un puerto nos encontrábamos muchísima historia. Los tiempos cambian, los barcos rentables son los grandes, y en los pequeños sólo se ven pescadores con la piel curtida por el salitre. Madrugan para empezar la faena. Es una historia de lucha, una actitud y una forma de vida. Pescar con las manos y vivir de ello. La posibilidad de pescar verdeles, lubinas, anchoas y no euros. Aquella actitud estaba escrita en los muros y nos sentíamos parte de ella.
Y como toda historia, nuestra travesía tuvo sus anécdotas:
Como la de la gaviota de San Juan de Gaztelugatxe que veía demasiado real el aparejo y acabó enganchada haciendo de cometa…
O la parrilla que iba de adorno a popa en la piragüa de Txorri. Algún paseante curioso la había observado en alguna playa que paramos. Hasta que en la etapa de Hondarribia, una lubina y un verdel tuvieron la mala suerte de picar. Parecíamos náufragos haciendo la fogata en aquella cala de piedras…
Ni que decir tiene que el único integrante que no era del oficio aguantó las consabidas “turradas” del kurro.
La temida galerna que amenizaba nuestras conversaciones, apareció el penúltimo día cuando intentábamos salir de Zokoa. A parte de ese día el buen tiempo nos acompañó y menos mal porque si no, nos morimos de risa con el impermeable de parvulario de Julen.
Pero esta historia no tiene final de momento porque todos nosotros estamos pensando en repetir por otros mares…
O la parrilla que iba de adorno a popa en la piragüa de Txorri. Algún paseante curioso la había observado en alguna playa que paramos. Hasta que en la etapa de Hondarribia, una lubina y un verdel tuvieron la mala suerte de picar. Parecíamos náufragos haciendo la fogata en aquella cala de piedras…
La temida galerna que amenizaba nuestras conversaciones, apareció el penúltimo día cuando intentábamos salir de Zokoa. A parte de ese día el buen tiempo nos acompañó y menos mal porque si no, nos morimos de risa con el impermeable de parvulario de Julen.
Pero esta historia no tiene final de momento porque todos nosotros estamos pensando en repetir por otros mares…
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